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lunes, 20 de febrero de 2012

La calidad del buen hacer...


Bodega "Darien"
A lo largo de la historia de la creación del vino han sido muchas las bodegas que poco a poco han ido asentándose en la provincia de Logroño y sus alrededores. En datos generales se podría decir que en dicha Comunidad se concentran más de 500 bodegas que han llenado la tierra de viñedos y han fomentado muchísimo la oferta de trabajo. Pero atrás quedó, en la mayoría de los casos, la función exclusiva de tratamiento vinícola, ya que a lo largo de los años, la mayoría de las bodegas  han aprovechado su gloria para desarrollar otro tipo de actividades culturales, relacionadas con el vino, de gran rentabilidad.

Por ejemplo, algunas de las bodegas pertenecen a la “Ruta del Vino”, dentro de la cual mediante exposiciones guiadas, eventos públicos, degustaciones, o visitas privadas se puede conocer sus instalaciones así como la crianza y elaboración de los caldos y secretos de las grandes familias vinícolas.

Bodega "Marques de Riscal"
De hecho las bodegas más conocidas de la rioja son precisamente aquellas que además de por su exquisito vino destacan por otras cualidades; “Marqués de Riscal”, por ejemplo, es una de las bodegas más ostentosas de la comunidad, conocida por su gran diseño arquitectónico además de por su lujoso hotel. Otro ejemplo similar sería la bodega “Darien”, la cual ha utilizado su arquitectura destacada para impulsar su marca e imagen al resto de Europa ó las bodegas “López de Heredia” que a parte de su espectacular espacio vinícola cuenta con una lujosa tienda- boutique de diseño aerodinámico firmada por el arquitecto iraquí Zaha Hadid. 
Bodega "Viña Ijalba"
Por último destacar una de aquellas bodegas que a pesar de estar fundada desde 1975 se sigue manteniendo en su función exclusiva de tratamiento vinícola, "Viña Ijalba". Don Dionisio Ruiz, uno de los grandes de la historia de vino, dueño y fundador de ésta última bodega, fue nombrado el pasado verano “Riojano Ilustre 2011” la máxima distinción que ha otorgado el Gobierno de la Rioja

La cultura vitivinícola...


La civilización de la vid y del vino era una realidad en las tierras riojanas hace ya más de dos mil años. Afirmaciones que se han podido comprobar gracias a los testimonios de numerosos restos arqueológicos de lagares y bodegas procedentes de la época romana.

Dicha cultura vitivinícola  se llevó a cabo, durante la Edad Media, sobre todo en los monasterios. Ejemplo de ello es el famoso Monasterio de San Millán de la Cogolla donde Gonzalo de Berceo (escritor riojano que se educó en este mismo monasterio y donde más tarde ejercería de clérigo) utilizó la poesía como medio para ensalzar las virtudes del exquisito vino riojano. Es mucha la importancia que ha tenido la actividad vinícola en la Comunidad Riojana, ya que desde hace muchos siglos se caracteriza por ser junto con el cereal el cultivo de mayor rentabilidad de la región.

El vino riojano, al igual que otros vinos europeos, comienza a ser producto de mercado en la transición de la época medieval a la época moderna con el fin de atender a la creciente demanda, lo que fomentó la modernización del comercio del vino: aumentando las zonas vinícolas,  apareciendo nuevos  instrumentos de trabajo y mantenimiento la amplia oferta de trabajo para las épocas de cosecha. Hasta el punto de que en 1787 se creó la Real Junta de Cosecheros, cuyo objetivo era el fomento del cultivo de la vid, contribuir a la mejora de la calidad de los vinos y facilitar la comercialización en los mercados del norte, por lo que su dedicación prioritaria fue construir y mejorar caminos y puentes para unir los pueblos especializados en este producto riojano con ciudades como Vitoria O el puerto de Santander.

A partir de aquí todo fueron avances y mejora para el fomento de un producto que resultaba muy rentable para una comunidad tan pequeña; se introducen nuevos métodos de elaboración y crianza de vinos y se empiezan a crear grandes bodegas algunas de las cuales  todavía hoy  existen y cuentan con una impresionante historia. Ilustres bodegueros como Luciano Murrieta, Camilo Hurtado de Amézaga o Rafael López Heredia, constituyen el máximo exponente de la definitiva introducción del concelto de calidad de los vinos Rioja.